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Treinta y pico *

por Carlos Alvarez

 

El lugar se llamaba Treinta y Pico y estaba en la Av. Costanera, en la zona del muelle, en donde ahora están todos los boliches.

Por aquellos años todavía se las llamaba “boites” y la idea era que fuera, justamente, un lugar para gente de treinta y pico de años y la verdad es que fue un fracaso.

A nosotros, para ese entonces, los treinta y pico nos parecían muy lejanos pero vaya a saber porqué vueltas del destino una noche caímos por allí y terminamos haciéndonos amigos de las hijas de la dueña.

Desde esa noche tuvimos boliche gratis asegurado y bailábamos al ritmo de Ma’ Baker, un hit de la época y los lentos empezaban siempre con Flyng. Porque en aquellos tiempos también se bailaba “lento” con luz negra y todo.

Ella se llamaba Karina y era una de las hijas de la dueña de Treinta y Pico. Tenía rulos negros y siempre encontraba el agua de mar “transparente”, con la “s” muy marcada. Le gustaba el cine, el mar, andar rápido de un lado a otro y su boliche. Durante ese verano, muchas noches, se daba también el gusto y ella misma pasaba música.

Compartimos muchas cosas aquel enero y cuando terminó el verano se quedó a vivir en Miramar y durante el invierno me mandó a Buenos Aires una carta con dibujitos y piedritas de la entrada de Treinta y Pico.

Yo me ausenté de Miramar durante algunas temporadas y a los años alguien me contó que Karina había muerto en un accidente.

Cuando volví, mucho después a Miramar, pasé por donde estaba Treinta y Pico. El lugar era otro y ni las piedritas quedaban. Crucé, entonces, hasta la playa y comprobé lo que imaginaba: el agua estaba transparente.

 

* Dedicado a Karina C.

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